


Un año más, las gentes pasan, los días se suceden y los cuentos permanecen. Muchas noches, al pasear por las calles solitarias de Los Silos, parecen llegar murmullos de muchos lugares del mundo. Las palabras se enredan unas con otras para tejer un enorme, interminable cuento que habla de solidaridad, que habla de tolerancia entre los pueblos, que habla de sonrisas inocentes que han quedado prendidas entre las ramas de los enormes laureles, monumentos verdes, que guardan la memoria del festival. Porque la memoria de lo artístico se construye poco a poco, porque la historia de la palabra, de los cuentos, se lleva muy adentro, es casi un secreto que cada espectador coloca en alguna parte de su espíritu, porque es sólo suya. Los cuentos son así.
Sabemos que es éste un festival para sentir, para hacernos más humanos, para reflexionar juntos, escuchando los secretos que nos cuentan los cuentos.
Y este año vendrán los hermanos Grimm, y con ellos la fantasía desbordante, el mundo mágico y Caperucita Roja, Hansel, Gretel, gnomos, brujas y princesas.
Pero también vendrán las mágicas palabras desde Europa y desde América, para quedarse, junto a las que han impregnado a tantos espectadores durante diecisiete años.
Cuando escribo estas palabras, recordando los 16 años vividos, sentidos, minuto a minutos, junto a tantos seres humanos en el festival, no puedo evitar que los versos de la gran Violeta Parra, acudan a mi mente, fragmentados, rebeldes, como ella; sinceros, como ella; vivos para siempre, como ella.
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente
volver a ser de repente tan frágil como un segundo
volver a sentir profundo como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo en este instante fecundo.
Y sentir que entre los árboles, las plantas y las paredes han quedado las palabras, que nada se va si permanece en el recuerdo.
Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si
Sí, las palabras nos van sembrando de emociones, nos van llenando de verdades, van haciendo que el mundo sea mejor, por esa razón nos empeñamos en cumplir 16 y desear cumplir muchos más, porque como decía la poeta “sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes”.
Terminaré mis palabras con un brindis sincero en estos diecisiete años de palabras, para que a cada uno de nosotros nos inunde la inocencia en un mundo convulso y desordenado.
Ernesto Rodríguez Abad
Director Festival